La novena fue la Bienal trunca.
Después de dos años de trabajo, la pandemia de COVID-19 impidió que el encuentro pudiera realizarse y compartirse como estaba previsto.
Sin embargo, la organización decidió que 2020 no podía simplemente desaparecer de la historia de la Bienal. El trabajo existió, fue vivido y dejó también las mismas cicatrices, frustraciones y pérdidas que atravesaron a toda la sociedad.
Entre esas pérdidas estuvo la de Adrián Lugones, amigo, colega y bienalero de alma.
Por eso 2020 permanece en la memoria del festival como la No-Bienal: una edición que no llegó a materializarse como encuentro, pero cuya ausencia forma parte inseparable de la historia de la Bienal.
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En breve pondremos más información